jueves, 9 de mayo de 2013

El Señor ha hablado hoy 2a Pedro 3:1-18

Amados, ésta es la segunda carta que os escribo, y en ambas
despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento, para
que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas
por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador
dado por vuestros apóstoles; sabiendo primero esto, que
en los postreros días vendrán burladores, andando según sus
propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa
de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres
durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. Éstos ignoran voluntariamente, que en el
tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos,
y también la tierra, que proviene del agua y por el aguasubsiste, por lo cual el mundo de entonces pereció anegado
en agua; pero los cielos y la tierra que existen ahora, están
reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en
el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. Mas,
oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es
como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda
su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es
paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca
sino que todos procedan al arrepentimiento. Pero el día del
Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos
pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán
deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quema
das. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo
no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir,esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en
el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elemen-
tos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos,
según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales
mora la justicia. Por lo cual, oh amados, estando en espera
de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin
mancha e irreprensibles, en paz. Y tened entendido que la
paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también
nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le hasido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando
en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de
entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, comotambién las otras Escrituras, para su propia perdición. Así
que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos,
no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis devuestra firmeza. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria
ahora y hasta el día de la eternidad. Amén

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